domingo, 2 de octubre de 2016

LULA. SIERVO O PRINCIPE

Por, Pedro Corzo.
Hay dirigentes políticos, religiosos, laborales y de otras características que parecen estar cubiertos con una capa protectora que impide que su prestigio, por mucho que sean los errores, abusos de autoridad y hasta delitos en los que incurran, afecte su reputación y popularidad.
Ese sortilegio que acompaña a pocas personalidades  se explica por la gran influencia que ejercen sobre un sector de la sociedad, las más de las veces,  compuesta por una minoría que imagina al líder como un ser superior capaz por su sola voluntad y esfuerzos de encontrar soluciones donde otros solo han cosechado fracasos.
Sin temor a errar se puede afirmar que Luis Ignacio Lula da Silva es uno de esos conductores, porque a pesar de los muchos escándalos de corrupción en los que está envuelto,  algunas encuestas lo presentan como el candidato favorito del electorado brasileños en los comicios del 2018. 

           Lula fue el fundador y patrón del Partido de los Trabajadores,  una agrupación que ha estado envuelta en los mayores escándalos por corrupción que han ocurrido Brasil, incluido los relacionados con la empresa estatal de petróleos, Petrobras, en la que también aparece como implicado.              
            Las victorias del PT, el mayor partido de izquierda de América Latina, han sido consecuencias de su política de alianzas con otras fuerzas políticas y también por la influencia que el caudillo ejerce sobre un sector de la población y el control que práctica sobre el partido.
            Sin embargo en las dos ocasiones que Lula da Silva resultó electo presidente fue en segunda vuelta, similar situación se le presentó a su postulante Dilma Rousseff, quien también tuvo que ir a elecciones de segunda vuelta en los comicios del 2010 y el 2014. 
            Da Silva está sujeto a investigación por varias causas. Está  acusado de actos de corrupción, lavado de dinero y falsificación, tras descubrirse  que el ex presidente era propietario de un apartamento de tres plantas en el balneario de Guarujá, en Sao Paulo, un bien que nunca había declarado.
            El exmandatario que en su momento cautivó a muchos de sus pares de los países más importantes del mundo, está, según informaciones,  implicado en los actos de corrupción de la empresa estatal petrolera Petrobras y la constructora Odebrecht, empresa que modernizó el puerto cubano de El Mariel, inversión sobre la que dijo Marcelo Odebrecht, presidente de la corporación, "Cuba es el único país en el que, de hecho, abrimos y crecimos bajo el gobierno de Lula, y donde tenemos que decir que la relación con Lula ayudó mucho".    
            La anterior declaración de Oldebrech demuestra que Lula da Silva con independencia  de haber sido políticamente el aliado más fiel del castrismo en el hemisferio después de Hugo Chávez,  también se esforzó para que la dictadura insular fuera beneficiada económicamente,  sin descuidar ser favorecido por sus gestiones a favor de los Castro ante empresas brasileñas.
              Si en un momento de la historia Fidel Castro fue el padrino de Lula da Silva, en otro este último fue el benefactor de Hugo Chávez como hizo conocer en una sesión del Foro de Sao Paulo, julio del 2005,  en la que dijo, que la ayuda del foro había sido fundamental para el gobierno del presidente Chávez.
               El ex presidente antes y durante su gestión fue alabado por varios dirigentes mundiales por liderar un gobierno efectivo en el aspecto económico sin menospreciar las normas democráticas,  empero, nunca fue cuestionado por su apoyo irrestricto a los  déspotas del hemisferio.
               El  caudillo cumpliendo las normas establecidas por el populismo cavernario ante las acusaciones de corrupción y tráfico de influencia al igual que en su momento lo hiciera la destituida Dilma Rousseff,  ha asumido el papel de víctima y contra ataca  con  consignas nacionalistas como acusar al actual presidente Michael Temer, de querer entregar las grandes industrias nacionales al capital extranjero.
                Rousseff dijo que era objeto de un golpe de estado, Lula afirma que es sujeto de una conspiración maquiavélica que busca inhabilitarle para que no pueda presentarse como candidato a la presidencia en los próximos comicios pero ninguno de los dos ha aceptado la responsabilidad de liderar una fuerza política en la que un número importante de sus dirigentes se encuentran en prisión simplemente por robar, después de haber llegado al poder prometiendo una justicia social que solo se ha empoderado en sus bolsillos como reflejan múltiples acusaciones y muchas condenas.

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