sábado, 29 de septiembre de 2018

QUEDA PROHIBIDO TENER EXITO EN LA INDUSTRIA PRIVADA



"Las sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional en Cuba se realizan dos veces al año, habitualemnte en febrero y julio y no son comunes los llamados a las reuniones extraordinaria..."


METRONEWS/M3
Las sesiones ordinarias  de la Asamblea Nacional en Cuba se realizan dos veces al año, habitualmente en febrero y julio, y no son comunes los llamados a las reuniones extraordinarias. La última sesión extraordinaria fue en marzo del 2014 para debatir la Ley de Inversiones Extranjeras. Entonces, ¿cuál fue el motivo real de convocar la reciente reunión extraordinaria del “parlamento de la unanimidad”? ¿Discutir documentos que inexcusablemente aprobarían apenas un mes más tarde? No es probable. Más bien parece que los objetivos eran otros.

Primero, la urgente necesidad de otorgar legitimidad nacional e internacional a la injerencia cubana –militar, de inteligencia y política– en Venezuela ante el rápido deterioro del control social en esa narco colonia de La Habana. Segundo, la conveniencia de hacer creer, antes de que el nuevo presidente de Estados Unidos se pronuncie sobre su política hacia la isla, que las pretendidas “reformas raulistas” podrían continuar ampliándose, por lo que sería nocivo que Donald J. Trump diese un giro de timón hacia posturas más duras.
Lo primero se materializó en la forma de un comunicado sobre la situación en Venezuela que solo sirve el propósito de ofrecer la perspectiva de la gerontocracia totalitaria cubana sobre lo que acontece en aquel país. No va más allá. Ausentes están las clásicas frases fidelistas de tono numantino y épico. Nada de aquello que se decía antes respecto a Vietnam y otros “países hermanos” en el sentido de que en defensa del gobierno de Maduro estarían dispuestos a derramar sangre cubana. Pero suficiente para recalcar que al gobierno cubano le asiste el derecho de apoyar al de Venezuela en esta hora crítica.
No hace falta más. Raúl Castro no es la sombra de su carismático hermano y le basta con lo dicho para justificar el  que se aplaste a sangre y fuego la actual rebelión popular. Insinuar  algo más sería jugar con la impredecible reacción del presidente  Trump.  A Raúl se le reconocen sus dotes de represor  pero no de político temerario.
La segunda función de esta convocatoria extraordinaria de la llamada Asamblea Nacional del Poder Popular era  fabricar oportunos y optimistas titulares en la prensa internacional sobre las buenas intenciones del pretendido reformismo cubano. El lobby anti embargo en Estados Unidos se está moviendo a gran velocidad para persuadir congresistas y al propio Trump de que revertir las concesiones de Obama reforzaría la línea dura de la elite de poder, revertiría las supuestas “importantes transformaciones” de Raúl Castro y provocaría perdidas por miles de millones de dólares a la economía estadounidense.
Esos grupos necesitaban con toda urgencia un gesto de La Habana que reforzara sus argumentos antes de que Trump anunciara su política hacia la isla. Sin embargo, por mucho que trataron de enmascarar su inflexibilidad –prometiendo que finalmente permitirían registrar legalmente los negocios de los cuentapropistas como empresas con personalidad jurídica– los documentos y discursos demuestran lo contrario.
El enunciado 128 de la llamada “conceptualización del nuevo modelo” deja claro que toda empresa del sector privado nacional –no así la estatal o extranjera– está sujeta al principio de “temporalidad”. Traducción: podrán registrarse legalmente, pero el estado las podrá confiscar o disolver cuando lo desee. Agréguese a esa fórmula que queda prohibido a ese sector “enriquecerse”, aunque nadie define cuál ha de ser el monto para medir ese  “enriquecimiento”, ni concentrar propiedades en una misma corporación (artículo 128).
En otras palabras: queda terminantemente prohibido tener éxito en el sector privado nacional. Los que sean emprendedores deben saber que en su “nuevo encaje” en la economía cubana han de resignarse a ser empresarios pequeños y mediocres. Como ha aseverado el destacado economista Carmelo Mesa Lago, los militares cubanos asemejan una suerte de rey Midas a la inversa.




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