viernes, 6 de noviembre de 2015

CORNETA, TOCA AL DEGÜELLO

Por Pedro Corzo.



Así podría entenderse la advertencia de Nicolás Maduro de que el país seria gobernado por una junta cívica militar si el chavismo no triunfa en los comicios legislativos de diciembre, o si la oposición reclama la victoria que pronostican todas las encuestas. 


El alarido de Maduro obliga a evocar aquellas cargas de caballería en las que jinetes con sables o machetes en mano, avanzaban  para destrozar las tropas enemigas,  calificativo con el que el chavismo identifica a quienes no son incondicionales a sus propuestas. La radicalización del despotismo electoral venezolano, como califica el ciclo que está dispuesto a inaugurar, significaría el establecimiento de un estado policial, asesorado por el gobierno castrista, y controlado por una cúpula de militares corruptos que superarían en crueldad las dictaduras castrenses que padeció el hemisferio el pasado siglo. Ellos son conscientes que estar fueran del gobierno es sinónimo de prisión, de escarnio público y pérdida de las fortunas amasadas con las riquezas despojadas al pueblo. Tendrían que responder por asesinatos, violaciones a los derechos humanos, robos y malversaciones masivas, pero fundamentalmente por el daño moral que el régimen ha infringido a la nación

Estas aseveraciones del máximo jerarca del chavismo demuestran que se está despojando de su muy raído y descolorido disfraz de democracia. La dictadura institucional venezolana está presta a mutar a una dictadura militar que preserve los privilegios y bienes de quienes integran el gobierno, también  los de los millonarios que crecieron a su sombra.El chavismo ha sido muy efectivo en estimular la crispación social y la inseguridad pública. La impunidad con la que actúan la delincuencia ha sido útil al gobierno para difundir con mayor intensidad el sentimiento de indefensión que padecen amplios sectores de la ciudadanía.La criminalización de la oposición en general al acusarla de golpista o de conspirar con factores extranjeros para derrocar el régimen, no deja de ser una gran mentira que en base al control que ejercen sobre el sicariato judicial, tiene la capacidad para neutralizar.
La oposición enfrenta numerosas amenazas. Los chacales están prestos para atacar, en consecuencia deben estar alertas y listos para tomar la iniciativa. 
Buscar la unidad en la diversidad es fundamental para triunfar, vital para sobrevivir. Deben trabajar con audacia y determinación, los riesgos son inevitables pero si dejan de asumirlos, la derrota está asegurada. Maduro lo ha dicho, afirma tener un  plan "anti golpe" que garantiza su victoria electoral, aunque la mayoría del electorado vote en contra de proyecto que auspicia.
Las advertencias de Maduro no deben tomarse como un alarde o estallido de impotencia sin otras consecuencias. Temen, y el miedo puede conducirlo a las mayores tropelías, de ahí la afirmación de que "Venezuela entraría en una de las más turbias y conmovedoras etapas de su vida política…de que ellos no entregarían la revolución, y que esta pasaría a una nueva etapa".

Tal y como hicieran otros depredadores que le precedieron en la historia,  Adolfo Hitler, José Stalin y Fidel Castro, Maduro, intenta identificar su gobierno con el estado, mientras  él se considera la encarnación de la nación. Este iluminismo es nefasto, porque aparte de los que usufructúan el poder que batallaran por salvaguardar sus intereses, nunca faltan los tontos útiles que al creerse el cuento de la patria amenazada se transforman en lobos que devoran a sus semejantes por el simple motivo de que no aúllan con la misma intensidad que ellos. 



La oposición debe incentivar la conciencia ciudadana. Hacer sentir en cada individuo la importancia de vencer sus propios miedos para así poder cumplir con el deber de preservar sus derechos y los de sus hijos, de lo contrario, se transformarían en una masa que moldeara el régimen en base a sus intereses y que utilizara a su exclusiva conveniencia. 


Los líderes de la oposición corren grandes riesgos. Los retos a cumplir son más complejos mayores, porque tiene la oportunidad de marcar pautas sobre las estrategias a desarrollar  para enfrentar con éxito una dictadura ideológica. Deben  estar bajo alerta permanente. Obligar al régimen a reaccionar, una situación sin precedentes en las oposiciones que han enfrentado regímenes populistas. La presión pública, la acción cívica, despertar la esperanza y  confianza en la victoria y una total disposición a defenderla,  son fundamentales porque esta puede ser la última oportunidad para que la democracia retorne al país.No obstante es el pueblo el principal protagonista, porque es a fin de cuentas,  quien asume la decisión de enfrentar los peligros que impongan las circunstancias, si se quiere seguir siendo ciudadano. 


jueves, 5 de noviembre de 2015

SONRIENDO EN VOZ BAJA



El chiste de Pepito y los cereales de chocolate
Estaba Pepito en la cocina y le dice a la madre: -Mamá mamá. Los cereales de chocolate pueden caminar? -No Pepito no... -Ah, pues entonces me he comido una cucaracha.

La vecina y el pobre de Pepito llorando
Llega Pepito a casa llorando y le pregunta la madre: -¿Qué te ha pasado? -Que la vecina me ha pegado Va corriendo a junto de la vecina y le dice: -¿Por qué ha pegado a mi hijo? -Es que me ha llamado gorda -Ah! ¿Y crees que así vas a adelgazar?

El hombre de viaje y la mujer en la habitación   Llega un hombre a casa después de una semana de duro trabajo fuera y le dice a la mujer: -Prepárate que tengo muchas ganas. Vete para la habitación que vamos a hacerlo como nunca. Al rato cuando están a ello se escucha al vecino gritar: -¡Ya está bien, ¿no? toda la semana igual.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La defensa de occidente ya no tiene sentido

A lo mejor va siendo hora de preguntarse quiénes son realmente “los nuestros”. O aún más hondo: quiénes somos “nosotros”.

José Javier Esparza



Si alguien pensaba que la fórmula “defensa de Occidente” tenía todavía alguna vigencia, la actual crisis siria le habrá extirpado cualquier esperanza. Lo que hemos visto en este horrible avispero es que el “bloque americano”, nuestros aliados “de toda la vida”, han jugado a contemporizar con el Estado Islámico, que es la negación más absoluta de todo cuanto la civilización occidental considera como propio, desde la dignidad individual hasta la herencia cultural cristiana. Los que han hecho engordar a la bestia son los mismos países que financian a nuestros clubes de fútbol, que compran nuestros trenes de alta velocidad o que se sientan con nuestros militares en las asambleas de la OTAN. Son ellos los que han permitido –si no algo más- que los cristianos sean machacados en Oriente Próximo, que el yihadismo se convierta en bandera política y que una ola de desesperación llegue a nuestras fronteras poniendo a Europa en la peor crisis migratoria desde la segunda guerra mundial. Esto no lo han hecho “los malos”. Esto, empezando por el estímulo de las primaveras árabes y pasando por el caos criminal de Libia, hasta desembocar en la fuga masiva de cientos de miles de personas desde Irak, Afganistán y, por supuesto, Siria, lo han hecho “los nuestros”. Y a lo mejor va siendo hora de preguntarse quiénes son realmente “los nuestros”. O aún más hondo: quiénes somos “nosotros”.




Hace medio siglo, uno decía “occidente” y evocaba automáticamente un mundo de libertades públicas, mercado libre con garantías laborales y orden social de inspiración cristiana. No era el paraíso terrenal, pero sí el paisaje más habitable de cuantos habíamos conocido. Por supuesto que el poder era oligárquico –siempre en la Historia lo ha sido-, pero la democracia liberal lo hacía soportable. Por supuesto que el mercado libre tendía a la explotación, pero las políticas de protección social –hicieron falta revoluciones y guerras para hallar el remedio- garantizaban que amplísimas mayorías tuvieran acceso a una riqueza más que suficiente. Por supuesto que el cristianismo languidecía como fe viva, pero sus principios filosóficos, sus ejes doctrinales, eso que se llama “derecho público cristiano”, seguían vertebrando la vida social y separando lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto. Ciertamente, rara vez el cruzado está a la altura de la cruz, pero bastaba ver lo que había al otro lado para resignarse y aceptar que, después de todo, lo nuestro era mejor –o menos malo- y valía la pena luchar por ello. Ese era el mundo hasta hace muy pocos decenios. Bajo esa convicción hemos vivido y hemos muerto. Pero eso se acabó.

Esto no es lo que era
Hoy uno mira alrededor y constata que aquellos viejos pilares se han desmoronado. Del famoso “derecho público cristiano” ya no quedan ni las raspas y en su lugar se ha impuesto una pseudo moral civil compuesta a partes iguales de sentimentalismo, sectarismo y nihilismo. El mercado libre, que alcanzó su apoteosis en los años 90 con la globalización financiera, ha ido desmantelando desde entonces no sólo todo control político, sino también muchas de las garantías sociales y laborales de posguerra. En cuanto a las libertades públicas, no nos hagamos ilusiones: la crisis de las democracias, ahogadas en oligarquías cada vez más alejadas del pueblo, no es algo exclusivo de España y, por otro lado, es una evidencia que hoy, a la hora de hablar en público, hay muchos más tabúes que hace sólo veinte años. ¿En qué se ha convertido “Occidente”?

Hoy uno dice “defensa de Occidente” y la cosa suena a extravagancia, como aquel general del Teléfono rojo de Kubrick que quería lanzar un ataque nuclear contra los soviéticos porque estaban contaminando “nuestros preciados fluidos corporales”. ¿Qué vamos a defender exactamente? Es muy posible que, mañana, aparezca otro escenario bélico forjado a golpes de fuego por la crisis siria, y es muy posible que, ese día, soldados españoles tengan que volver entregar la vida allí. ¿Por qué van a hacerlo? El argumento de la democracia y los derechos humanos ya no cuela; sencillamente, porque no es verdad. ¿Y entonces? ¿Por la estabilidad de un mercado global que ya no es ni quiere ser garantía de paz social?¿Por los intereses de unos “aliados” que sólo miran por su propio provecho? ¿Por la construcción de un mundo sin alma ni destino?
En los últimos veinte años, eso que antes llamábamos “Occidente” se ha convertido en una suerte de gran mercado anónimo universal regido por una superpotencia hegemónica, los Estados Unidos. Nada más que eso. Las decisiones políticas quedan subordinadas a ese proyecto, al margen de la voluntad o el interés de las sociedades. Nuestras naciones se disuelven. Los principios morales clásicos son combatidos hasta la extinción y reemplazados por un singular mundo de matrimonios homosexuales y abortos por recomendación estatal. El mercado ya no es un instrumento para la prosperidad del mayor número posible de ciudadanos, sino un dios al que hay que adorar y obedecer por su propio poder. En esto nos hemos convertido. Un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín, ¿alguien podría decir quién o qué ha ganado exactamente?

Sí, claro: los Estados Unidos. ¿Y su proyecto es el nuestro, el de los europeos? ¿Su hegemonía es nuestra supervivencia? Ya no está tan claro como hace diez años.  “El país no lo sabe, pero estamos en guerra contra América –confiaba Mitterrand a su último confidente, Georges-Marc Benamou-. Sí, una guerra permanente, una guerra vital, una guerra económica, una guerra aparentemente sin muerte. Sí, son muy duros los americanos, son voraces, quieren un poder exclusivo sobre el mundo. Es una guerra desconocida, una guerra permanente, en apariencia sin muerte y, sin embargo, una guerra a muerte” (Le dernier Mitterrand, Plon, 2005). Quizás el viejo socialista francés, ya en sus últimos días, veía las cosas bajo una luz siniestra. Quizá. Pero quizá, simplemente, estaba diciendo la verdad pura y desnuda.
No, la “defensa de occidente” ya no tiene ningún sentido. No, al menos, si de verdad queremos que algo del auténtico occidente histórico sobreviva en el mundo actual. Europa debe empezar a cortar lazos. De lo contrario, esos lazos nos ahogarán. Nos están ahogando ya.


El ABC del acuerdo de La Habana, en materia de Justicia Transicional


Por, Horacio Puerta Calad
 

Si la Justicia transicional se ha considerado como un conjunto de medidas excepcionales orientadas fundamentalmente a superar los graves daños causados a las personas por regímenes totalitarios o dictaduras que cometieron violaciones a los derechos humanos a sus connacionales, ¿por qué se invocó entonces esta figura penal para solucionar el problema  armado del país, si Colombia no cae dentro de ese enfoque?
La mal llamada “guerra de cincuenta años” en Colombia, como acordaron denominarla el gobierno Santos y las FARC,  no tiene las mismas causas que llevaron a los ciudadanos de los países del cono sur latinoamericano, o de las naciones africanas a enfrentarse a sus dictaduras, que tanto se invocan para justificar la aplicación de la Justicia transicional en Colombia como medio para castigar los delitos violatorios de los derechos humanos cometidos principalmente por las FARC.
Colombia es un país con más de doscientos años de vida democrática donde las dictaduras, o regímenes autoritarios, no han tenido vida, como si ha ocurrido en cambio en la mayoría de los países latinoamericanos, y por consiguiente, su Justicia penal, a pesar de las falencias que tiene, ha sabido responder para castigar los delitos que comenten sus ciudadanos.
En el caso de las FARC, son muchos los miembros de esa agrupación terrorista  que hoy cumplen penas de cárcel de treinta o más años por los delitos de lesa humanidad que cometieron, como igual ocurre también con militares que extralimitaron sus funciones castrenses.
¿Definir entonces el problema armado colombiano como una “guerra de cincuenta años” fue para justificar la invocación de una “Justicia transicional” que solo favorece a la cúpula de las FARC? 
Un ejemplo que sirve para ilustrar el efecto que tendría el acuerdo de Justicia transicional de 10 puntos dado a conocer en La Habana el pasado 23 de septiembre, es el siguiente ABC.

A). El 2 de mayo de 2002 el Bloque 58 de Las FARC  que opera en el Chocó, lanzó un “cilindro bomba” contra la iglesia de Bojayá dando muerte a 79 civiles: 41 mujeres y 38 hombres, la mayoría de ellos menores de 18 años (48).
B). Ese delito de lesa humanidad tiene en el código penal colombiano una pena privativa de la libertad hasta de  60 años.
C). En el marco de la Justicia Transicional  acordada en La Habana a los responsables de ese genocidio   no se les impondría la pena de 60 años sino una de entre 5 y 8 años (punto 7 del comunicado).
D). Como en el acuerdo de Justicia Transicional se contempla solo una pena de prisión de 5 a 8 años para quienes “de manera tardía” reconozcan su delito ante el Tribunal especial que los juzgará, o de 20 años para quienes se nieguen a reconocerlos, los que confesaren oportunamente el delito de lesa humanidad cometido en Bojayá  se verían beneficiados con el goce y disfrute de una “sanción” de 5 a 8 año que tendría “un componente restrictivo de sus libertades y derechos”, que no sería obviamente dentro del perímetro de una celda de 3 por 2 metros.
E). Según el diccionario de la Real Academia Española, restringir  significa: circunscribir, reducir a menores límites.
F). De lo anterior se infiere que el goce de la “libertad restringida” como sanción por los delitos de lesa humanidad cometidos por los terroristas del Bloque 58 de las FARC en Bojayá, sería  dentro de un perímetro previamente definido en donde el “sancionado” podría movilizarse dentro de él, que podría ser el barrio de la ciudad en donde estaría el lugar de permanencia obligada; o el municipio, o el mismo departamento, o cualquier otra área delimitada dentro del territorio nacional  para que el “sancionado” cumpla dentro de ella las “libertades y derechos restringidos”, con “el cumplimiento de las funciones reparadoras y restauradoras mediante la realización de trabajos, obras y actividades”.  En síntesis, el acuerdo de La Habana resultó muy simple y beneficioso para las FARC, pues consistió en cambiar el concepto de sanción de “pena privativa de la libertad” por el de pena “restrictiva de la libertad”.
G). No porque la  Justicia Transicional apunte al logro de la paz, el principio de proporcionalidad que con respecto a la naturaleza del delito debe tener todo castigo puede ser manguado hasta convertirlo en una máscara  de burla para las víctimas, como ocurre con las sanciones contempladas en el acuerdo de La Habana.

En conclusión:
¿Lo acordado en La Habana es un pasaporte a la impunidad  de  los delitos cometidos por las FARC en 50 años? ¿Es una justicia de parodia para allanarle el camino político a la dirigencia de las FARC? ¿La  inhabilidad constitucional para aspirar a cargos de representación por delitos de lesa humanidad será levantada por el “congresito” de bolsillo del presidente Santos para dársela de ñapa a las FARC? ¿Este es otro de los sapos que  el Presidente Santos  nos quiere hacer tragar para alcanzar SU modelo de paz?


Dalacph2@hotmail.com  

martes, 3 de noviembre de 2015

ZAQUEO, EL QUE JESUCRISTO VIO Y EL PAPA IGNORO

Santiago Cárdenas MDhttps://col128.mail.live.com/ol/clear.gifhttps://col128.mail.live.com/ol/clear.gifhttps://col128.mail.live.com/ol/clear.gif


Lo cuenta el evangelio de San Lucas, capitulo 19. Zaqueo, un enanito, o casi,  quería ver a  Jesús, que pasaba por Jericó, camino a la capital. Él lo diviso encaramado en el sicomoro, puesto que por su estatura  y la muchedumbre, no le era posible ver al Maestro.


Zaqueo era un explotador muy rico.  Un pecador publico que participaba en la recogida  de los impuestos y la corrupción. Por supuesto, la conversión  de Zaqueo, luego que Jesús lo diviso en el árbol y le ordeno que lo alojara en su casa, es una de las historias más conmovedoras de la Biblia, que se repite  en sermones, retiros espirituales, homilías dominicales, etc. y ha conmovido las fibras  más intimas  de generaciones de cristianos y hombres de buena voluntad, desde hace dos mil años. 

Zaqueo, el cubano, no fue divisado por el sucesor de Cristo en la Habana. Por el contrario, más que a un sicomoro, tuvo que encaramarse en el papa móvil en la Plaza Cívica, para hacerse entender. Pero el papa no lo vio, –aunque había comprado espejuelos nuevos para el viaje en la  Vía de la Reconciliación, cercana al Vaticano –  según aseguro  el jesuita Lombardi, el vocero apologista  papal  en el avión  camino a Washington.

Este Zaqueo no es rico; es un mulato de complexión “cubana” media, un  atrevido, que junto a dos miembros  de su partido, desafiaron la Seguridad Cubana y Vaticana, que actuando en conjunto  lo arrestaron  impúdicamente en septiembre del 2015 en la Habana, Cuba, ante la media mundial, más atenta a las empanadas de la Collins que a la misericordia, que ya  se  nos aproxima  institucionalmente en  meses por venir.
Zaqueo, esta en 100 y Aldabo, entre la indiferencia  de la media y  el mutismo de  los católicos cubanos de la isla y del exilio. Zaqueo está acusado de tres   delitos….  ¿delitos? Pero hasta este infeliz  no llegan los frutos de la  llamada diplomacia serena  de la Nunciatura Apostólica en la Habana, ni los éxitos  de su Eminencia  Cardenalicia, atareados en asuntos más importantes… nunca de presos políticos, que no existen en la Isla.

La familia  de Zaqueo ha agotado los trámites  ante las autoridades civiles y religiosas, para su liberación.

Jesús vio a Zaqueo; Francisco no.   


jueves, 29 de octubre de 2015

ENTRE MILONGAS, SOFISMAS E HIPÓCRITAS…



EDITORIAL 

Entre milongas, sofismas e hipócritas declaraciones, sobre la supuesta apertura y los cambios del régimen castrista, parece que nadie, o casi nadie se interesan en poner a prueba la veracidad de tales criterios, con la lógica intención de comprobarlos. Debemos comprobar, la verdad y no asumirla solamente como un acto de Fe.


Los amigos del régimen, ya sea por convicción ideológica, o pura y desaforada ansias de especulación, parecen conformarse con que le den “licencia” a un infeliz, –en todos los sentidos de la palabra– cubano, para remendar zapatos, hacer de barberos, poner botones o aumentar su “jineterismo”. Todo esto bajo la mirada inquisidora del Estado.


Desde don Paco en Roma, Husein  en Washington, los Morgan y asociados  en New York, mas algún que otro insaciable especulador, se conforman y hasta aplauden el que le estén facilitando al régimen castrista su capacidad represiva: Si la experiencia es –como dicen muchos– la madre del conocimiento, no debemos olvidar que el régimen de los castros y asociados, han sido siempre más represivos, cuando han tenido más dinero. Esto lo afirma la historia.       
Hace unos días un funcionario del partido demócrata en el condado Miami-Dade; en un programa televisivo, decía que la estrategia del señor presidente, –Obama–  era la de ahogar en abundancia al gobierno castrista, porque estos –se refería al gobierno del general Raúl Castro– no sabrían que hacer ¿….?  Yo hacía tiempo que no escuchaba una expresión tan guanaca y desafortunada, originada, probablemente por el acatamiento  a la disciplina partidista, o la protección de un salario.
En cualquiera de los dos casos… ¡lamentable!

Pero no es este el motivo de mi nota editorial. No.  Yo solo quiero saber, ¿cuándo se hará la primera revisión de los miles de juicios y procesos judiciales, de la titulada revolución cubana? ¿Cuándo se revisaran estos “juicios”, quien o quienes fueron los responsables de que miles de cubanos fueran condenados a largas condenas de cárcel y hasta el fusilamiento? Hoy en día, aun se siguen ventilando casos ocurridos en la Segunda Guerra Mundial; y todos parecen estar de acuerdo que así sea. ¿Por qué no en Cuba?

Mientras esto no ocurra, yo seguiré creyendo que el castrismo es el mismo, con la única diferencia que la estrategia, por mantenerse en el poder les obliga a establecer. Y que los que no lo ven así, son simplemente… ¡Cómplices!