sábado, 17 de agosto de 2019

MEJOR DISNEY QUE DIAZ-CANEL

"Son incontables los casos de esa discriminación por edad o 'juventufobia' de una cubania envilecida a la par que envejece..."


Por. ORLANDO LUIS PARDO LAZO 
Los cubanos, así en la Isla como en el Exilio, por sentirse todos senilmente estafados tras 60 sentimentales años de Revolución, tienen ahora, en las postrimerías de nuestro despotismo popular, una guerra a muerte en contra del futuro. Es decir, una guerra a muerte en contra de la juventud que ha de habitar ese futuro, felizmente ya sin la menor memoria fanatizada de un tal Fidel.
Así, generaciones y generaciones de adultos cubanos están hoy literalmente cagándose de miedo. Miedo a una vida en la verdad. Miedo a un mundo no tan miserablemente mentiroso como el marxista, sino de apertura hacia un progreso de pragmatismo apolítico. Miedo a la polisemia redentora de una juventud que no necesita de ninguna fe fósil para creer en sí misma. Miedo al disenso de la diversidad. Miedo a la alegría sin luto de quienes no nacieron en el siglo XX de los totalitarismos de izquierda, que son todos, sean de retórica fascista o comunista (dos grandes aliados que jugaron a ser enemigos genocidas).
El atroz adulto cubano no les perdona a los jóvenes la indolencia virginal con que ellos ridiculizan nuestro roñoso resentimiento de revolucionarios versus contrarrevolucionarios. No les perdonan su onda cosmopolita transnacional, sin fundamentalismos de finca cerrada y patrioterías provincianas. Y, en particular, no les perdonan la belleza libérrima de sus cuerpos aún sin peste a cadáver, los que colisionan con los cuerpos de sus contemporáneos sin ningún complejo de Edipo Estado, a la par que ocupan erotizando los paisajes del Planeta Cuba, más allá del estigma sacro de las efemérides estériles que desde 1959 hasta la fecha nos enferman como nación.
Son incontables los casos de esa discriminación por edad o juventufobia de una cubanía envilecida a la par que envejece. El más reciente episodio involucra a las tribus urbanas.
La mayoría de estos adolescentes operan, por supuesto, en La Habana: la única ciudad urbana de Cuba y la única que nunca aceptó por las buenas la chealdad obrero-campesina del socialismo. Estos chicos y chicas de imagen incisiva in extremis, algunos de los cuales se hacen llamar "los durakitus", supongo que deben lucir como extraterrestres de elite en un país pacato de panzas, papadas y mata pasiones. Por eso el desprecio de la mayoría de nuestra población física y digital. Por eso, también, el privilegio de la envidia con que los acusan de cualquier cosa solo por ser como son: milagros explosivamente espontáneos en una tierra arrasada por milicias monocromáticas, agentes secretos sin uniforme, y tropas especiales entrenadas en aniquilar toda espiritualidad antes de darte el tiro de gracia.

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