sábado, 24 de agosto de 2019

EL CARDENAL LE GANA UN ROUND A FIDEL


"Pero quedaban a resolver dos problemas importantes. En primer lugar las causas de la negativa nunca fueron diáfanas..."


Por Santiago Cárdenas.
Era la sobremesa. Fidel prende un Cohiba, entre sorbitos de café en la Nunciatura Apostólica de Quinta y 12, mientras pontifica con voz queda: “Muy bien, Mon - Señores, todo está resuelto; podrán haber altas y bajas, pero”……
-- ¡“Eso no es verdad, comandante”!, interrumpe Monseñor Fernando Prego Casals, primer obispo de Santa Clara. “Todavía hay muchos casos de discriminación de católicos en centros de trabajos, escuelas y universidades….”

-- “Mira Pregón, riposta Fidel, no me eches a perder el postre. Te digo a ti y a todos, que si existiera algún otro caso de supuesta discriminación; nada de habladurías, ni de resentimientos. Me lo envían con las evidencias directamente a mi oficina.”
El “caso” no demoró mucho en aparecer: la Rebeca.
Nacida en la revolución, el primero de enero de 1970, el año de los diez millones.
De diecisiete años de edad, catolicismo acendrado, mirada limpia y expediente cinco estrellas; mi hija era una “joyita”. Un diamante en bruto que quería ingresar en la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana. Muy difícil empeño, como tantos y tantos, para cualquier creyente que se embarcara en estos trajines aún en la atmósfera propicia del entonces publicitado libro de Frei Betto: “Fidel y la Religión”.
La Quíntupla Entrevistadora—el Partido; la UJC; el Sindicato; la FEU y un profesor de la Facultad – había sido unánime en la primera entrevista y en la consabida apelación. Mi niña no podía estudiar Psicología.
Pero quedaban a resolver dos problemas importantes En primer lugar las causas de la negativa nunca fueron diáfanas, ni me las dieron por escrito. Además, las entrevistas giraron y re giraron en torno a la teología de la liberación, las comunidades de base de la iglesia brasileña, las enseñanzas de Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Helder Cámara, el libro de Betto, etc.
Muy ajena a lo que se hablaba en las nunciaturas, Rebequita decidió ir a conversar con su obispo, el futuro cardenal Mons. Jaime Lucas Ortega y Alamino en su Palacio de la Habana Vieja. Se conocían y admiraban mutuamente. Había buena química entre ellos. Entonces el pastor le recomendó silencio y discreción a la ovejita que balaba pidiendo ayuda en aquel verano de 1987.
Ésta llegó una semana después. Estábamos en el despacho del Presidente de la República. Chomi nos pasó, en medio de un silencio impresionante, desde el recibidor a una grande y bonita oficina donde comenzó el exhaustivo interrogatorio, “desde los mismos inicios de los hechos,” según él solicitó. Fue amable, recurrente, detallista, puntilloso, profesional, atento y discreto, mientras tomaba notas a mano durante aproximadamente una hora y media. Hubo un curioso intervalo cuando Miyar Barruecos abandonó el salón abruptamente, regresando media hora después sin dar explicaciones, ni excusas. Al final, se dirigió por primera y única vez a mí: “Gracias doctor por venir a visitarnos; créame que el Presidente tenía gran interés en estar presente, pero tuvo que recibir a un embajador. Yo tengo su teléfono y lo llamaré pronto. “
“Pronto” significó el sábado siguiente en la Colina Universitaria a las nueve de la mañana. La última reunión fue en el despacho del Rector Magnífico a unos pasos del Alma Mater de Mario Karbel. No me dejaron entrar.
Dos horas después los dos Fernando me llamaron aparte para las conclusiones. Fernando González era el Decano de la Facultad de Psicología y Fernando Rojas el Rector de la Universidad (jugaba la primera base en el terreno de Bengochea con los maristas de Santa Clara; donde yo era la segunda). Las caras alegres, amables, denotaban los resultados.
“Santiago Cárdenas, me dijo Fernandito, su caso,-- el de Rebequita--, se solucionó favorablemente. Hubo algunas imprecisiones y errores en el procedimiento de admisión; pero NUNCA discriminación,” recalcó.
Y el Licenciado González: Que ella se presente en la Secretaría de la Escuela pasado mañana, lunes a las 8am. No necesita documentos— ¡Ahh!, y por cierto, tiene una hija de mucho talento. La explicación que nos dio de Papá Goriot de Honorato Balzac estuvo muy por arriba del promedio de las adolescentes de su edad. Lo felicito.”
LOS OBISPOS, JAIME Y FERNANDO, ANSIOSOS POR CONOCER…
Esa misma tarde del lunes, Gloria Rebeca, volvió al Obispado acompañada de su mamá. Jaime escuchó mucho y habló poco.
Nunca supimos si hubo algún tipo de comunicación “oficial” al respecto entre los dos Palacios: el Arzobispal y el de la Involución. Monseñor nos envió un claro y sencillo mensaje por vía oral: “hablen lo menos posible de los acontecido; pero sobre todo, NADA DE EXPRESIONES TRIUNFALISTAS”. Así se hizo. Amén.
Tres meses después estando de vacaciones en mi Santa Clara natal un mensajero del obispo vino a buscarme:- “Doctor: Monseñor Prego desea hablar con Ud.”—“Cuéntame, cuéntame, Santiago...” me dijo.
EPILOGO
Fernando Rojas dejó la rectoría y murió años después en España. Fernando González murió hace unos meses en Brasil donde se estableció junto a su señora, como docente universitario.
Los Monseñores Jaime y Fernando continuaron pastoreando en sus sedes episcopales hasta sus muertes.
La Nunciatura Apostólica en la Habana observó de cerca este acontecimiento que, de alguna manera, facilitó el acceso de los creyentes a la enseñanza superior en Cuba.
Gloria Rebeca revalidó Psicología en FIU, Miami. Luego, hizo un PH D en Sociología en Keen University, New Jersey. Viuda y con cuatro hijas es la socióloga del City Hall de la ciudad de Pembroke Pines. Vive en Miramar, Condado de Broward.


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