viernes, 6 de mayo de 2016

AU REVOIR, JAIME, LE CARDINAL

Por, Santiago Cárdenas  MD


 Difícil  de resumir en tres cuartillas la labor de treinta  y cinco años; difícil porque la opinión de  ovejitas acríticas, –con un curioso "voto" de obediencia   en defensa a ultranza  de  los prelados–  se sobrepone a cualquier juicio racional. Difícil , además , porque  para hacer una  crítica de este gigante , Mons. Jaime Lucas Ortega y Alamino, hay que resaltar  ante todo su figura  orante, su  fina espiritualidad  y su dedicación absoluta a la  iglesia cubana.
             Su eminencia entra de lleno en la historia eclesial  –la historia  mayor– la que se escribe mas allá de chismecitos de  sacristías, refinamientos afrancesados  o folklore popular. Y esta historia tiene tres pilares bien definidos. La estabilidad alcanzada por una   comunidad minúscula y paupérrima dentro de un marxismo leninismo antirreligioso a lo Fuerbach; los logros de la tripleta papal; y la re fundación del Seminario Mayor. Esto no es poca cosa.
              Monsegnor  Jaime no es católico; nunca lo fue. La universalidad intrínseca a la catolicidad nunca estuvo en sus genes. Su mente estrecha, en favor  de su "iglesita”, sus  adláteres, sus amigos y guatacas de ocasión  siempre primó  ante las necesidades de todo un pueblo. Las llamadas piñitas en cubano  –inequívoco signo de inseguridad– fue su sello distintivo. Buscaba para  sus pequeños grupos las pocas ventajas y privilegios que podía arañar en el sistema  de mono partido.
               De aquí se deriva su miopía para identificar a los pobres y  a la pobreza dentro del archipiélago. Los preferidos del Señor  fueron  ignorados o preteridos  durante  su servicio, en favor de unas  élites afines  , desde obispos a laicos  prominentes , que  hicieron de Él  un elitista de palacios.
              Su rara percepción acerca de los derechos humanos  hizo que ignorara  o persiguiera, esa incómoda postura de  colaboración, a  varios activistas, opositores  y disentidores, fuera y dentro de la iglesia. Esto último incluyó   la amenaza de excomunión a Oswaldo Payá  y su movimiento, por motivos políticos que no religiosos. Y esto es solamente un botón  de la muestra. Sus contactos con los represores, aunque secretos, deben andar por algún archivo  esperando un  estudio imparcial y desprejuiciado.
             Por último sin tener jurisdicción sobre las otras diócesis, sus diktums  llegaron a uniformar sin disensiones al venerable episcopado cubano (la excepción  fue Pedro Maurice, cardinal in pectore, y  los monseñores Román y Boza  que continuaron siendo obispos exiliados  mas allá de la amnesia selectiva de la iglesia de la isla). De aquí  que su principal  contra legado  fue la inédita  fundación en el Caribe de una iglesia "nacional" al  mejor estilo chino. Monseñor  fue siempre  obediente y obsequioso con los mandarines de la Oficina Religiosa  del Comité Central ante  verdugos de cuello blanco  como Don Felipe Carneado, de triste recordación y su clon María de la Caridad.
              La disposición final de sus restos en el museo allende a la catedral a pocas  cuadras  del  Palacio Arzobispal demuestra que su presencia invisible, pero  real, en la iglesia cubana continuará por los siglos de los siglos. Per omnia saecula, saeculorum. Amen.                                                        

 

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