sábado, 24 de diciembre de 2016

BREVE HISTORIA SOBRE EL GUAGUANCO

Por René  León historiador y poeta

Para hallar la verdadera génesis del ritmo afrocubano conocido por Guaguancó hay que investigar seriamente en la producción musical de fines del siglo XIV en la Cuba colonial de entonces. El Guaguancó tiene raíces africanas que sembradas en el surco cubano dieron como fruto el ritmo sordo producido por cajones y timbales de cuero, que es la mejor forma de tocar el Guaguancó.
Su temática es variada aunque predomina el desengaño y la denuncia social. Los primeros guaguancoceros que se conocieron en la época colonial pertenecían a la Sociedad Africana “Abakuáa” conocida también por ñáñigos. Estos músicos improvisados se inspiraron en hechos de la vida real. El primer Guaguancó fue escuchado en las galeras del Castillo de El Príncipe a fines del siglo XIX, pero no se puede alegar que ese ritmo musical quejumbroso, tuvo su nacimiento en la Isla de Chafarinas donde iban a purgar su delito de ser “abakúas” los miembros de esta secta africana que tenían  vida cultural y social en la Cuba colonial, y que estuvieron perseguidos por las autoridades coloniales desde el año 1887. Ser condenado a Chafarinas era ser enterrado en vida. La Isla de Chafarinas no tenía prisiones coloniales sino un castillo colonial pequeño, en donde vivía la guarnición local. Los reclusos eran enviados a los barracones que estaban en el centro de la isla, en donde se morían por inanición y devorados por fiebres tropicales. Chafarinas era una isla más cercana de África que de Europa que mantenía España, como prisión al igual que las islas de Ceuta y Fernando Poo.
Muchos cubanos blancos que expresaban su descontento contra las autoridades coloniales fueron enviados a Chafarinas y allí se reunieron cubanos con ansias de libertades políticas y “abakúas” con deseos de libertades sociales. Negros y blancos se unieron en el cautiverio y fue gracias a la llegada de algunos cubanos con conocimientos y educación musical que se pudo salvar a tiempo esta producción que hoy conocemos con el nombre de Guaguancó.
Don Fernando Ortiz, etnólogo de fama internacional, en su libro Ensayos etnográficos, dice : “Al ñañiguismo, que aún  vive en Cuba, debemos la supervivencia del diablito, y todavía suele verse por la vía pública en ocasiones de comparsas y entierros, y aún puede asegurarse  que en el propio presidio de la República a veces se ha “bailado ñáñigo” con diablito y todo, como dicen los penados”. p. 62.
En Cuba, el Ayuntamiento o Cabildo de La Habana dispuso en 10 de abril de 1573 que a la procesión del Corpus Christi asistieran todos los negros horros “que se  presten a ayudar la dicha fiesta”.
Escolástico Gallardo refiriéndose a los desfiles, :”…no se os antoja que estáis mirándole bailar el ó, ñaña-ó con aquellas contorsiones semí frenéticas, que vuelven la cabeza muchedumbre de negritos haraposos que se agitan á par suyo  imitándole los  movimientos y acompañado con infernal y discordante coro al canto monótono y salvage con él que compasa sus meneos”. Faro Industrial de La Habana (6 de enero de1843.
En Chafarinas se podía escuchar todas las noches los cantos quejumbrosos de los negros cautivos que cantaban su dolor y su pena por haberlos separado de los suyos que habían quedado atrás en la Isla de Cuba. Los blancos cubanos escuchaban aquellos cantos tristes y se unían en la manifestación del dolor a sus hermanos negros. Cuando la dominación española llegó a su fin en Cuba, luego de la Guerra de Independencia, algunos datos tomados por Don Luis de Echegaray y Mendoza, trinitario-cubano de nacimiento, fueron salvados y traídos a la tierra patria, en estos apuntes se hacía mención de estos cantos afrocubanos a los cuales los negros mismos llamaron Gua-Guan-Coo, sonido onomatopéyico producido por los propios cantadores. Escribe Don Echegaray de esta forma:
Chafarinas, 1879, Año del Señor…
…anoche tuvimos fiesta en los barracones… los negros que están cumpliendo prisión en la isla entonaron sus quejumbrosos cantos al ritmo de tambores improvisados hechos de cajones de madera y latas de aceite…al principio del canto un solo cantador entona el ritmo y el estribillo es repetido por los demás. Hay varios solistas que participan en la improvisación, son como poetas que buscan en su dolor la fuente de su inspiración… Es un canto triste. A ese aire musical los negros le llaman Gua-Guan-Coo. Recuerdan en su canto sucesos de la vida real ocurridos aquí o en la distante Patria.
El investigador Raúl Martínez Rodríguez, en su estudio sobre la Rumba y el Guaguancó, dice que: “La rumba cubana, compuesta por toques, cantos, bailes y pantomima surgió durante el colonialismo español mientras se producía la expansión azucarera… Sus principales protagonistas fueron los negros libres y sus descendientes, pertenecientes a distintas étnicas africanas como la lucumí, ganga, arará y quizás la más significativa de todas: la ganga, arará. De ellas se tienen referencias históricas asociadas a esta música bailada desde los siglos XVIII y XIX en sitios como barracones, dotaciones y caseríos cercanos a los ingenios o fábricas”.La Rumba, La jiribilla, Año IV, mayo 21-27 de 2005
La conocida escritora Fredrika Bremer nacida en Finlandia, en 1801, su familia  deciden trasladarse a Estocolmo, Suecia. Escritora de gran talento y defensora de los derechos de las mujeres y de los esclavos. En sus viajes alrededor del mundo, llegó a Estados Unido y se asombró del trato de los negros y como las mujeres eran olvidadas y tratadas. Por problemas d Salud decide viajar a Cuba, que sus amistades en Charleston le recomiendan que la Isla es la mejor medicina que ella podía tener. Llega a La Habana, Cuba. Le encantan las comidas cubanas, y viaja a Pinar del Río, come con los trabajadores cultivadores del tabaco, ve la vida de todos ellos donde no existía separación. De La Habana va de visita a Matanzas. En ella se queda asombrada del trato de los esclavos.
Ella en sus cartas a su hermana Agatha le dice como era Cuba y lo agradecida que estaba al clima y vida allí, pero le dice que en una visita a una fiesta de bailes de los negros, saltando y bailando al compás de los tambores, una pareja, un hombre saltarín y la esclava que lo seguía con sus pasos rápidos. El sonido de los tambores. Ella dice que le llamaban Rumba. Ella le comenta a su hermana: “...los bailes de los negros libres del Cerro y el sonido brutal de los tambores y sufre comenta tristemente, sobre la vida de los esclavos hacinados y carecen de toda enseñanza religiosa”.
Don Fernando Ortiz, habla de la descripción que Frederica Bremer, hace de una rumba en la ciudad de Matanzas:
“El baile se ejecuta siempre entre un hombre y una mujer, y representa una relación de cortejo y coquetería, en la cual el amante expresa sus sentimientos, en parte con un temblor tan grande en las extremidades, que parece deshacerse, mientras da vueltas alrededor de su dama como un planeta en torno al sol, y en parte con atrevidos saltos y vueltas, muchas veces rodeando a su dama con ambos brazos, pero sin tocarla”. Frederika Bremer, Impressions of America, New York, 1853, vol.II, p.326. René León. Sensualidad y Musicalidad en la poesía afrocubana de , José Z. Tallet. “La Rumba” y “Quintín Baraona”.    
Según Martínez Rodríguez, :” También existían otras danzas en parejas muy eróticas nombradas de macuta o de yuka las que posiblemente fueron la base de otros estilos de la rumba como el antiguo yambú y el actual guaguancó de carácter más urbano”. (2)
Ya en este siglo, en las abovedadas galeras del Castillo de El Príncipe, los “abakuás” que cumplían prisión por delitos graves también entonaban sus propios Guaguancó, y daban rienda suelta a sus penas interiores. Recuerdo mis años de preso político en Isla de Pinos en las Circulares, como algunos negros y blancos presos se ponían a tocar en cubos canciones africanas recuerdos de su niñez, y juntos todos allí participamos en ese momento de alegría y tristeza a la vez en la prisión. Uno de muy conocido y que se popularizado y que llegó hasta el exterior de ese mundo de tinieblas, que es el presidio político, es el que sigue:

Alalalaaa Alalaaa. Que te vayas, que te vayas, que te vayas

No vaya a ser, que se siente un penado y él se sienta envenenado
por el veneno de tus lágrimas ramera… No me jures por tu madre que está muerta…
Quítate tu disfraz carnavalescooooo. Que mujeres como tú canalla infame.
Sin molestarme como a perra la despreciooo. Sin molestarme como a perra la despreciooo
Alalalaa Alalaaa. Que te vayas, que te vayas, que te vayas…

Años más tarde los que hicieron del Guaguancó un ritmo popular ciento por ciento fueron los matanceros. En Matanzas hubo y hay una orquesta conocida por los Muñequitos los cuales cantaban diferentes Guaguancó popularizando algunos, cuyos títulos fueron conocidos por la radio-audiencia cubana: Los Muñequitos, El Río Almendares, Ven aquí todos los meses, Mercedes, etc.

Este ritmo no se baila, más bien se escucha porque sus pasos son extremadamente complicados. Sin embargo, hay bailadores de Guaguancó. Sus pasos son completamente diferentes a los bailes de la rumba, el cha-cha-cha o el son. El Guaguancó ha perdido poco a poco su popularidad pero no está definitivamente muerto, vive en el alma y la inspiración de muchos compositores cubanos que viven en el exilio forzoso que todos  compartimos. Su origen es africano y su ambiente inicial fue el presidio, primeramente en Chafarinas y más tarde en el Castillo de El Príncipe y las Circulares de Isla de Pinos.

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