sábado, 28 de julio de 2018

CASTRISMO: DEL CAPITALISMO AL CAPITALISMO

"El maltratado sector privado cubano consiste en casi 600.000 personas con licencias para trabajar por cuenta propia, que emplean a otros 700.000 trabajadores..."

ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles
El régimen de Raúl Castro hace unos días reveló que el sector privado en la Isla emplea ya a 1,3 millones de trabajadores y que de 4,47 millones de personas ocupadas en el país más de tres millones trabajan en empleos estatales.
       O sea, hoy los trabajadores no atados al Estado ya representan el 29% de la fuerza de trabajo activa de la Isla. La fisonomía laboral del país se ha movido en la dirección correcta, pese a los absurdos obstáculos, prohibiciones legales, exorbitantes impuestos y multas, represión física y cárcel.

      El maltratado sector privado cubano consiste en casi 600.000 personas con licencias para trabajar por cuenta propia, que emplean a otros 700.000 trabajadores.
     Lo que debiera hacer el Gobierno de Díaz-Canel es hacer un estudio de cuánto más eficientes y productivos son esos trabajadores privados con respecto a los del sector estatal, e incluir en dicho estudio a los campesinos en comparación con los trabajadores agrícolas estatales. Y luego presentar los resultados, con propuestas para más libertad económica, en reuniones del Buró Político, del Consejo de Ministros y del Consejo de Estado.
     Eso solo sería una nueva perestroika. Claro, como los máximos jerarcas del régimen son contrarrevolucionarios y retrógrados, pedirían la destitución del nuevo presidente y su encarcelamiento. Así de simple. Recordemos que la alergia de la gerontocracia castrista al libre mercado llega al ridículo de negarse a llamar al sector privado por su nombre, y lo denomina "no estatal".
      Pero este ejercicio mental comparativo (mercado-Estado) no es inútil. Sirve para calibrar cuán patológicamente misántropos son el dictador, su Junta Militar y toda la nomenklatura dirigente.
Privados producen el 90% de los alimentos
      Ellos saben que los campesinos, cooperativistas y quienes trabajan por cuenta propia en usufructo en tierras estatales arrendadas, y no la copia de los sovjoses estatales de la URSS, son los que producen casi el 90 % de lo que consume la población. Así lo ha reporta la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI).
      Solo los campesinos, según la ANAP, producen el 70% de la leche, el 85% de la carne de cerdo y el 68% de las viandas del país. Y cosechan el 92% del tabaco, uno de los cuatro rubros principales de exportación.
      Por otra parte, un informe de Mundubat, entidad no gubernamental de ayuda al Desarrollo (ONGD) con sede en el País Vasco y vinculada a instituciones cubanas, dio a conocer algo asombroso: el 57% de los alimentos producidos en Cuba se pierde antes de llegar al consumidor. El 30% se pierde en la cosecha y pos cosecha, y el otro 27% en la distribución a los mercados.
      Pese a tan abrumadora superioridad productiva y eficiencia del trabajador privado sobre el estatal, la elite gobernante se niega a permitir la libertad económica que sacaría a los cubanos de la triste pobreza en que vive.
      Además, de acuerdo con cifras de 2017 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Cuba hay otros 2,1 millones de personas en edad laboral que no tienen empleo. Claro, no lo pueden tener porque el sector privado es muy pequeño para absorberlos, y el estatal está saturado de nóminas infladas y los trabajadores sobran pues tienen poco que hacer, o nada.
De manera que la tasa de desempleo en Cuba (casi un 30%) supera la de países del África subsahariana con alta desocupación, como Mauritania (31%) Gambia (29,8%), Sudáfrica (27,3%) o Costa de Marfil (23%).
        Un rasgo que expresa cómo ciertas cosas van cambiando pese a todo, es que, golpeados por los bajos salarios, insuficientes para sostener una familia, muchos trabajadores estatales abandonan sus centros laborales. Prefieren "resolver" en el mercado negro.
Pobreza, arma para mantener el poder
         Todo esto lleva de la mano a una reflexión patética. Los jerarcas de la cúpula dictatorial se sienten más seguros si todos los demás coterráneos son pobres, y no ricos y poderosos como ellos. Duermen más tranquilos si los ciudadanos dependen del Estado para todo y el día se les va "resolviendo" sus necesidades básicas.
      Por inhumano que parezca, uno de los factores que explican la longevidad cuasi infinita en el tiempo de la dictadura castrista ha sido ese: el manejo de la pobreza profunda para mantener el control social y político.
      La gente dedica sus energías y tiempo a la "lucha diaria" para sobrevivir cotidianamente. Reclamar derechos no es cosa prioritaria del día a día. Por eso Cuba es hoy el único país de Occidente cuyo pueblo vive peor que a mediados del siglo XX.
      Cuba es también la única nación en que la ley prohíbe a sus ciudadanos invertir dinero en su propio país, y que no reconoce a los negocios privados, sino que concede licencias personales para ejercer algunos oficios. Y no aprovecha el know-how de los profesionales universitarios, les prohíbe ofrecer sus servicios por cuenta propia.
      Vale la pena imaginarse el desarrollo que podría tener hoy Cuba si todos los trabajadores y profesionales —no solo el 29%— laborasen en el sector privado. Probablemente el Producto Interno Bruto (PIB) del país sería cinco o seis veces superior, tal vez de unos 200.000 millones de dólares, con un per cápita equiparable al de algunos países del Primer Mundo.
     Pero tal como va la devastación chavista de Venezuela y la consecuente dependencia económica de Cuba del cash que recibe desde EEUU (vía remesas, paquetes y viajes), y con una nueva política de Washington hacia La Habana que lejos de hacer graciosas concesiones a la dictadura a cambio de nada se supone irá tomando otras medidas para presionar al régimen, más temprano que tarde habrá que abrirle más espacio al cuentapropismo y al sector privado en general.
La crisis podría forzar ciertas medidas
      Todo indica que la crisis estructural y crónica de la economía castrista irá empeorando. Parece inevitable, dadas las circunstancias. Será realmente difícil esperar hasta 2021, o a que el dictador muera, o se invalide por enfermedad, para que se le hagan ciertas grietas a los Lineamientos del PCC y darle más libertad económica al cuentapropismo.
      Por otra parte es oportuno destacar que durante los 12 años del raulismo, el principal cambio ocurrido en Cuba no fue el de las llamadas reformas —que no hicieron crecer el PIB—, sino el cambio de mentalidad en buena parte de la población.
      Los cubanos, en su inmensa mayoría, están convencidos del futuro capitalista del país. Saben que es inexorable. Qué tipo de capitalismo y cómo será instaurado es otra historia. Los propios administradores de empresas y establecimientos estatales ya se ven a sí mismos como futuros propietarios, e incluso se entrenan para ello. Es práctica común que le entreguen al Estado ingresos basados en una contabilidad falseada, y luego vendan por su cuenta y obtengan utilidades con "su" parte del negocio.
     Esa es una de las fuentes del mercado negro, el que de veras alimenta, viste, calza y transporta a los cubanos de a pie. No es posible imaginarse la vida en Cuba sin ese mercado, embrión (ya no tan clandestino), de la economía de mercado que de una forma u otra se reinstalará en la Isla.
     Forzosamente los cuentapropistas de hoy serán los capitalistas de mañana, junto con los empresarios privados que surjan, los inversionistas extranjeros, y el apoyo del know how de la diáspora cubana. Serán ellos quienes levantarán a Cuba de sus cenizas. Reconstruirán la devastada economía.
      Y se confirmará la vigencia de la genial definición de socialismo que corría sotto voce entre los polacos en los años 80, con solo el cambio sugerente de la primera palabra: "Castrismo, ese largo y tortuoso camino que va del capitalismo al capitalismo".



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