domingo, 30 de abril de 2017

ALBERTINI: LA CUSPIDE DE UN ESCRITOR

"..vivencia de la adolescencia: las poesias que tanto disfruta..."

Por Santiago Cárdenas MD.

En un ambiente pascual nos reunimos, amigos y entusiastas, en el mirador de 4000 West Flagler St. para la presentación mulleriana de  dos noveletas y ocho cuentos: "Siempre en el entonces”, el último libro del escritor  santaclareño (1940), José Antonio Albertini.
Introducidos fuimos por el decano poeta del destierro Ángel Cuadra. Luego Don Alberto nos propuso a vuelo de pájaro una visión de algunas de las páginas  de la obra, con una  evaluación personal –no exenta de debates– del escritor como un loco esquizofrénico en  la ideación de su literatura tan sorprendente; en su subjetivismo novedoso, a veces incomprensible- que nos deja boquiabiertos;  pero, también en su  estilo literario, comparado, nada menos -que  con Juan Rulfo y su Pedro Páramo y el tufillo a otros muchos  grandes escritores, especialmente los de la literatura  latinoamericana y su boom.

El localismo provinciano, que lo distingue con impronta y orgullo propio, quedó en evidencia  en su cuento dedicado a la cantante  exiliada Ela O"Farril, vivencia de la  pre adolescencia; las poesías que tanto disfruta e introduce Albertini, sin ser poeta, –en especial las del presidio de Roberto Jiménez– y las anécdotas simpáticas, como las de los coroneles volando en las cercanías del Capiro, que dejaron cicatrices perennes en  su cara como validación de una niñez "popular ". La villaclara  continúa presente en la juventud  más madura  con los relatos de su expulsión del Instituto, la prisión  y el ritornello que  nos  acompaña hasta nuestros días con la reciente expulsión –que denuncia– de Karla una profesora teen de la Universidad Central por motivos puramente  ideológicos. "En el marxismo los ciclos se repiten, incesantemente" dijo Albertini.
La discusión general tuvo su culmen en la apreciación de alguien del público acerca del realismo mágico en la obra de Albertini, que negó enfáticamente haciendo una apelación y recorrido por su autodidactismo desde  Boccacio a  Vargas Llosa. Albertini,  –al margen del didactismo de la Academia, que no tuvo–, nos deleitó entonces con  la enumeración de sus  largas lecturas y conocimientos  de los clásicos del idioma y mas allá; o sea, sus reales influencias. Don Alberto Muller terció  con su opinión de que hay mucho de realismo mágico en la obra de su amigo, pero que esto es un hecho mucho más reciente, que se ha ido introduciendo en  las últimas novelas del escritor. La opinión, no expresada, de un asistente anónimo: Santiaguito, es que no se puede encasillar a J.A. en su quehacer, puesto que desde el principio es un escritor ecléctico, que bebe de muchas fuentes y vivencias personales totalmente únicas desde su bautizo como pilongo.
El éxito de esta luminosa tarde fue concluido con la liturgia de costumbre: venta y dedicación del libro; el  intercambio y saludos de los asistentes y un regio brindis a las  puertas de Flagler Street, espléndida vista del tráfico moderno pop en el crepúsculo variopinto de nuestra Miami de noche.
Felicitaciones a Albertini  y a la co-autora: su esposa. Estoy orgulloso de  ambos.

19 de  abril  del 2017                    

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