viernes, 16 de noviembre de 2018

SUSURROS DE SILENCIO QUE PERMANECEN INTACTOS


"Al comenzar la Primera Guerra Mundial, Zweig llegó a escribir en su apoyo como patriota austriaco que era..."

Lola Benítez Molina Málaga (España)


A pesar de estar a salvo en su exilio brasileño, Stefan Zweig, ensayista, biógrafo y novelista, se suicida junto a su segunda esposa y secretaria Lotte Altmann, convencidos ambos de que el mundo entero caería bajo el dominio nazi.
En su libro “El mundo de ayer”, Zweig reflejó la Europa cosmopolita, que él quería recuperar. Cuando uno vivió en un paraíso terrenal, aunque haya sido por poco tiempo, esa imagen queda grabada en la memoria aún a sabiendas de que nada será nunca igual, y parece que nuestra vida esté predestinada a querer encontrar aquellos momentos que nos dieron la felicidad anhelada.
Durante su faceta literaria, destacó por las importantes biografías que escribió: Mª Antonieta, María Estuardo, Fouché o Magallanes.

Consiguió recopilar manuscritos importantes, entre los que se incluían de Goethe y de Beethoven, incluso un catálogo de las obras de Mozart escrito por el mismo Mozart.
Zweig, amante de la vida cultural y de la Europa anterior al nazismo, realizó numerosos viajes a Viena, Berlín, París y Bruselas. Es precisamente, en esa época, cuando conoció a importantes escritores y artistas como Rainer Maria Rilke, Auguste Rodin, Romain Rolland, Pirandello, Thomas Mann y un largo etcétera.
Al comenzar la Primera Guerra Mundial, Zweig llegó a escribir artículos en su apoyo, como patriota austríaco que era, y sirvió en los Archivos Austríacos del Ministerio de Guerra, pero no pudo permanecer impasible ante los horrores de la contienda y sufrió una gran transformación, que reflejó en sus escritos enormemente críticos.
Se trasladó a vivir a Suiza hasta el final de la guerra, convirtiéndose en un gran pacifista que pugnaba por una Europa unida.
Con Hitler, sus libros fueron prohibidos y se vio obligado a dejar su casa. Fue entonces, cuando se marcha a Londres y contrae segundas nupcias con su secretaria L. Altmann. Durante este período, sus personajes son seres atormentados en situaciones extremas. En su novela “Novela de Ajedrez” incluiría datos autobiográficos. Emprendió un periplo entonces que lo llevó en 1940 a Nueva York, pero no fue hasta que se instalaron en Petrópolis (Brasil) que les pareció tener un halo de esperanza, que más tarde se desvaneció y los llevó al fatídico desenlace. No pudo hacer frente a un mundo que creía que ya no volvería a ser igual, y en 1942 se suicidó junto a su mujer con una sobredosis de barbitúricos. Dejó una carta escrita en la que explicaba los motivos de tal decisión.
Son vidas impregnadas de derrotas, en las que el dolor propio y ajeno, las sume en una profunda congoja. Corazones limpios que dejan constancia de la realidad imperante. El sentimiento de impotencia, ante las atrocidades humanas, no los pudo dejar indiferentes.
Para él es un profundo sentimiento de desarraigo no saber a qué patria perteneció.
Frases suyas son: “Toda ciencia viene del dolor. El dolor busca siempre la causa de las cosas…” y también diría “El destino me ha condenado con una mirada insobornable, una mirada dura, pero un corazón frágil”.
Es cierto que aquello que se idealiza, y por lo que vale la pena vivir, es lo que perdura.
Susurros de silencio, melodías de fragancias me asaltan. Ese corazón que se cansó de latir en un mundo hostil fortaleció el de otros que luchan con el pensamiento y con la pluma, como él lo hizo, para dejar testimonio de lo que nunca más deberá suceder.


1 comentario:

  1. En una de las notas marginales puesta en el manuscrito que se conserva de su última obra -inacabada a causa de su suicidio-, MONTAIGNE, Zweig clama con desesperación: “¿Cómo puedo no caer preso de este mundo de locura, del que no tengo poder para aliviarme y del que no puedo escapar? ¿Cómo puedo salvar la mayoría de edad y la humanidad en mí mismo? ¿Cómo puedo no desesperar?”
    Este sinvivir lo reitera en el prólogo que sí publicó a los lectores de dicha obra, al decir que "Es en esta hermandad de destino cuando Montaigne se convierte en mi hermano indispensable, en mi amigo, mi amparo y mi consuelo, pues ¡qué desesperadamente parecido es su destino al nuestro! Cuando Michel de Montaigne llega al mundo, una gran esperanza empieza a extinguirse, una esperanza igual a la que nosotros mismos hemos vivido a principios de nuestro siglo, la esperanza de una humanización del mundo."
    Certeramente, la escritora Lola Benítez Molina valora que el corazón de Zweig se cansó de latir en un mundo hostil, para lo que fue más que suficiente el trauma de padecer las consecuencias de las Grandes Guerras Europeas del siglo XX, su injusta y violente exclusión física y espiritual del mundo cultural de habla alemana cuando advino el nazismo, y su lanzamiento obligado al exilio no solo del ámbito de la sociedad austrogermana sino de todo el continente europeo de cuyos diferentes territorios se había sentido siempre ciudadano común (transpirado en su evocación nostálgica, en uno de sus textos, de la época cuando no era requisito tener un Pasaporte para poder cruzar las fronteras de los países europeos).
    Únicamente quienes hemos sufrido una infundada y traumatizadora persecución física no digamos por disentir sino por resistir a incorporarnos como corifeos de las tiranías detentadoras del Poder, y hemos terminado empujados a un involuntario exilio como medida de salvación física, podemos llegar a comprender la angustia y la desesperación del genial escritor austríaco, cuya extracción social acomodada no le dio la fortaleza necesaria para sobreponerse a las contrariedades que el acontecer histórico europeo acaecido en su juventud y edad adulta (nació en 1889 y falleció en 1942) infligió a su ideario pacifista y bonhomía de espíritu-.
    Es otra gran verdad universal que nos recuerda Lola Benítez Molina la de que "Cuando uno vivió en un paraíso terrenal, aunque haya sido por poco tiempo, esa imagen queda grabada en la memoria aún a sabiendas de que nada será nunca igual, y parece que nuestra vida esté predestinada a querer encontrar aquellos momentos que nos dieron la felicidad anhelada."
    Así, es muy probable que Zweig padeciera -con cierta justificación en su devenir vital- una depresión severa que le llevó a transir su ánimo de pensamientos suicidas, cuyo desenlace fue la materialización del pacto mutuo con su esposa de privación de la vida.
    Desde luego, una inconmensurable pérdida para la Literatura y un penoso tránsito para un espíritu con gran capacidad analítica, que todavía podía dar de sí mucha riqueza humana y cultural.
    A Lola Benítez le debemos gratitud y reconocimiento por el rescate para la actualidad de este contemporáneo de las generaciones del siglo XX, que junto a otros grandes creadores está momentáneamente arrumbado, mientras hoy en día se sobrevalora a unos cuantos pergeñadores de relatos escatológicos o de biografías apologéticas de ocasión o de panfletos de descoco.

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