viernes, 30 de noviembre de 2018

EL CASTRISMO Y SUS TUMORES MALIGNOS


"Causa verguenza ajena recordar que algunos de los presidentes con mayores credenciales democraticas invitaban al decano de los dictadores..."

Por Pedro Corzo.
Misterioso, pero las metástasis dictatoriales de la dinastía cubana, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, atraen más repudio y rechazo internacional que el cáncer matriz radicado en La Habana hace 60 años. Las críticas más severas contra la tiranía castrista no son  consecuencias de los crímenes cometidos contra los isleños, sino porque asiste, con sus esbirros especializados en espionaje y represión, a esos regímenes.
Tal parece que el desastre humano y material provocado en Cuba por el totalitarismo castrista es irrelevante para la mayoría de los líderes políticos latinoamericanos. Exceptuando la Venezuela de Rómulo Betancourt  y  la generalidad de los gobiernos de Estados Unidos, los cubanos han contado con muy poco apoyo en sus esfuerzos por instaurar una sociedad democrática en su país.

Causa vergüenza ajena recordar que algunos de los presidentes con mayores credenciales democráticas invitaban al decano de los dictadores, Fidel Castro, a la inauguración de sus gobiernos, en momentos en que en la isla cientos eran fusilados, miles se consumían en las cárceles y centenares se ahogaban en el mar, mientras, el hambre y la miseria se extendían por toda Cuba. 
La estulticia de tantos dirigentes de Las Américas coincidía con la voluntad castrista de subvertir el orden continental para situar a sus títeres al frente de los gobiernos. Sabían que el castrismo entrenaba y preparaba a los subversivos, que numerosos académicos, periodistas, sindicalistas y políticos contaban con el respaldo económico y asesoría de la dictadura insular, no obstante, se apretaban voluntariamente la soga que tenían al cuello y eran incapaces de facilitar a los que luchaban en la isla recursos para que combatieran la tiranía que los asfixiaba a pesar de que los Castro si entrenaban y armaban a quienes intentaban derrocarlos. Tampoco, cuando la desesperanza cundió en Cuba, estuvieron dispuestos a abrir sus fronteras a los que huían, como sí hicieron Venezuela y Estados Unidos.
Lo paradójico del encanto del castrismo es que ni  los gobiernos más identificados con la derecha política, incluidas las dictaduras militares de Argentina, Chile, Brasil y Paraguay, aunque fuera por elemental sobrevivencia,  mostraron disposición a orquestar directa o indirectamente una conspiración que atacara el centro desde el cual se fomentaba el derrocamiento de todos.
Pero lo insólito fue que dirigentes democráticos decidieran no ver que el entramado de odio y sectarismo que gestó el castrismo era el nutriente fundamental  de las propuestas de Hugo Chávez, quien con los recursos de la nación venezolana y la falsa imagen de redentor de Luis Inacio Lula da Silva, más la logística del régimen cubano, reinventaron el socialismo real haciéndolo parecer para los incautos menos carnívoro.
El Foro de Sao Paulo, bajo el comando de Fidel Castro, Hugo Chávez, Lula da Silva,  Néstor y Cristina Kirchner, Daniel Ortega y Rafael Correa, fue el principal promotor del también fracasado Socialismo del Siglo XXI, lo que no hubiera sido posible si muchos líderes políticos y sociales, como los de la Concertación de Chile junto a otros dirigentes de la progresía y presidentes legítimamente electos, no hubieran optado por un silencio cómplice ante las tropelías de los hermanos Castro y Hugo Chávez.
La constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac, y la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, fue consecuencia directa de los planes hegemónicos del castrochavismo que procuraban en el menor tiempo posible extender su control para manipular el hemisferio a su antojo. Los mandatarios genuinamente democráticos debieron haberse opuesto a esas propuestas, pero la corrección política de la unidad latinoamericana y disentir de Estados Unidos, determinaron su conducta.
Venezuela vive una profunda crisis humanitaria con un claro origen político, trance al que se incorporó Nicaragua y es de esperar la Bolivia de Evo Morales,  si este sigue empecinado en perpetuarse en el poder a pesar del plebiscito en el que la mayoría de la población rechazó otra postulación suya.
Sin embargo, estas tres autocracias no pasan de ser siervos de la gleba del Castrismo, en consecuencia, lo apropiado es una gestión colectiva de hombres libres que en asociación con la oposición interna de cada país, instrumenten una estrategia que termine con el tumor central y sus metástasis.




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