viernes, 23 de noviembre de 2018

LA HIPOCRESIA COMO POLITICA


"Como premio por no seguir asesinando fuera del territorio cubano Barack Obama abrio una embajada en La Habana..."

Por Héctor Carbonell Arena.
Los militantes del partido demócrata han desatado un ataque hiperbólico contra el presidente Donald Trump, por su interpretación y decisión en el caso de la ejecución del periodista Jamal Khashoggi, ocurrido recientemente en el consulado saudita en Turquía. Los reclamos van desde enviar a prisión al príncipe heredero hasta el rompimiento de relaciones diplomáticas, reclamos que solo podría hacer con derecho Turquía. El señor Khashoggi no fue asesinado en territorio estadounidense, ni era ciudadano estadounidense, tampoco, como erróneamente sea dicho, era residente permanente en el país. Todo esto en pro de la universalidad de los derechos humanos, que para ellos, ahora debe estar por encima de cualquier otra consideración.
Veamos ahora como se han comportado nuestros humanistas demócratas cuando han detentado el poder. Franklin Delano Roosevelt se abrazaba con José Stalin, le llamaba tio Joe y le reía sus chistes, después que este había masacrado 30 millones de campesinos rusos en la famosa Colectivización. Henry Truman ordenó la segunda bomba atómica sobre Nagasaki. John Kennedy dejó morir a los patriotas cubanos en Playa Girón, después de haber aprobado y ordenado el desembarco. Jimmy Carter no tuvo el coraje de exigir la liberación de nuestros diplomáticos secuestrados por los iraníes y cuyos derechos humanos nunca fueron respetados.
Algunos dirán como excusa, que eso es parte de la historia, pero no, sigue sucediendo una y otra vez cuando tienen el poder. Bill Clinton no tuvo el valor de responder a un acto de guerra contra ciudadanos estadounidense, dos misiles cubanos los pulverizaron junto con sus avionetas en aguas internacionales, sus derechos no alcanzaron el nivel de los de Khashoggi. Como premio por no seguir asesinando fuera del territorio cubano Barack Hussein Obama abrió una embajada en la Habana y se fundió en un histórico abrazo con Raúl Castro, quien dio la orden de derribar las avionetas y ha sido corresponsable de la muerte de más de 100,000cubanos.
Obama y Hillary Clinton tampoco pudieron defender los derechos humanos de nuestros diplomáticos en Benghazi, Libia por hordas yihadistas, trataron de justificar estúpidamente el ataque a la embajada y le negaron los refuerzos que reclamaban. Los restos del embajador y sus derechos fueron arrastrados por las calles después de haber sido violados con sevicia.
Esa es la forma en que estos señores han defendido nuestros derechos humanos, y ahora en un arranque de hipocresía descomunal pretenden que Estados Unidos rompan relaciones con un país indispensable para nuestra política en el Medio Oriente y con el que mantenemos relaciones comerciales muy beneficiosas. Todo esto porque un extranjero, que no era nuestro amigo, como no lo son los Hermanos Musulmanes, fue muerto en otro país y cuyos ejecutores han sido detenidos.
Estados Unidos no puede ni debe tratar de imponer nuestra norma de conducta a los demás países del mundo. Si tratara de hacerlo realmente tendría que empezar por romper relaciones con 150 países donde no se respetan los derechos humanos como los concebimos nosotros. Empezando por una islita que está a solo 90 millas de nuestras costas, llevan 60 años vulnerando la dignidad humana y hasta han logrado legalizar internacionalmente un nuevo sistema de esclavitud contemporánea.
El Presidente tiene el derecho, y para eso lo elegimos, de dirigir la política exterior de la manera más beneficiosa para sus ciudadanos. No podemos sacrificar ni la seguridad ni el bienestar económico del pueblo americano en aras de derechos de personas de otros países que ni creen ni respetan estos derechos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario