sábado, 26 de enero de 2019

MADURO EL FULLERO


"El atropello a la Constitución ha motivado una enérgica respuesta del único poder del estado que cuenta con legitimidad, la Asamblea Nacional..."

Por Pedro Corzo.
La situación que padece Venezuela no tiene precedentes en el hemisferio.  Poderes públicos enfrentados, represión política, crisis alimentaria y de producción, alta inflación y una elevada criminalidad  junto a otros factores negativos  que sumados a la corrupción existente, amenazan con agudizar los graves problemas de gobernabilidad que padece el país, que de concretarse, podrían conducir a una guerra civil, al caos y hasta el quiebre del Estado, porque la corriente golpista tiene más de pandilleros que de fuerza política.

A Nicolás Maduro no le ha sido suficiente el régimen de corrupción que ha entronizado y ha usurpado la Presidencia, propinando un golpe a la Constitución con el respaldo de las fuerzas armadas. El déspota honra la tradición de su mentor Hugo Chávez y del fuhrer Fidel Castro, que derrocó al presidente Manuel Urrutia a menos de siete meses de gobierno.
El atropello a la Constitución ha motivado una enérgica respuesta del único poder del estado que cuenta con legitimidad, la Asamblea Nacional, que  en sesión ordinaria el pasado martes 15 de enero aprobó declarar que la Presidencia de la República ha sido usurpada, recurriendo a lo establecido en la Carta Magna que dispone que la Presidencia corresponde al diputado que presida la legislatura, en este caso el asambleísta Juan Guaidó.
Otras disposiciones como rendirle un minuto de silencio a la memoria de Oscar Pérez, muerto junto a seis de sus hombres en un ataque del despotismo, igualmente declarar  que los actos y decisiones de Maduro y sus ministros son nulos y legislar una amnistía para aquellos funcionarios, incluido militares, que se rebelen contra el régimen,  son factores que elevan el nivel de rebeldía de la legislatura.
El escenario demandaba  una pronta actuación de los líderes de  la oposición ya que el chavismo y su mayoral Nicolás Maduro,  han demostrado tener una obsesiva vocación autoritaria junto a  la intención de conducir el Socialismo del Siglo XXI a replicar el socialismo real castrista, un método que instrumenta férreos mecanismos de control con el fin de establecer una rígida dictadura.
Además la influencia y manejo del castrismo sobre los cuerpos represivos, institutos armados y la administración general del  país, es una aberrante realidad equiparable con las que imponen los ejércitos de ocupación. Venezuela esta supeditada a la voluntad del gobierno de Cuba,  una situación que ha sido numerosas veces denunciada.  El propio arresto de Guaidó, verdadero presidente de la República, más allá de quien ordenó su detención,  cae en la práctica castrista de “represión de baja intensidad”, al igual que el creciente control que el chavismo intenta imponer en las redes sociales  para limitar más los derechos de la ciudadanía a la libre expresión e información.
Maduro, a pesar del despotismo de su gobierno y de una represión continua contra la sociedad civil, no ha sido capaz  de impedir que el país se sumerja inexorablemente en la anarquía, mientras la comunidad internacional insiste consistentemente en proclamar a la Asamblea Nacional como el único Poder que representa legítimamente al Pueblo venezolano.
Por su parte la Asamblea Nacional, criticada por ciertos sectores de la oposición por no haber instrumentado acciones más drásticas contra el ejecutivo,  está actuando en consecuencia con sus prerrogativas, afectando  al chavismo en su raíz, motivo suficiente para que la banda que hasta el momento usurpa el poder, recurra a la fuerza para acabar con sus retadores.
Es de suponer que las recientes amenazas del golpista de que quienes vayan en su contra enfrentaran a la justicia, no sean triviales. Son muchos los intereses en juego y los problemas que enfrentaría el chavismo si pierden el poder, razón por la cual la ciudadanía venezolana debería estar en alerta máxima para respaldar a los diputados que están dispuesto a rescatar la soberanía popular de manos de los depredadores que por casi 20 años han explotado al país a fondo.
La reacción internacional contra los desmanes de Nicolás Maduro tampoco tiene precedentes. La comunidad de naciones demuestra estar empachada de este peligroso patán, y sin restarle importancia a un respaldo tan significativo,  es válido reiterar que el pueblo debe alistarse para enfrentamientos cruentos que ojala no se produzcan, pensando qué, en guerra avisada, la derrota del enemigo es más segura.  



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