domingo, 20 de diciembre de 2015

OTRA NAVIDAD SIN CUBA

Por el Dr. Raúl Reyes Roque
Nuevamente todo se repite en forma monótona y aplastante, año tras año.  Volaron los sesenta en que llenos de esperanza todos anhelaban volver.  Nunca fue monolítico el exilio cubano, la diversidad era profunda…  En él había figuras de la dictadura anterior, revolucionarios frustrados y arrepentidos, profesionales que se habían negado a quedarse a colaborar con el nuevo régimen, grandes empresarios, industriales, estudiantes, artistas, un éxodo de los cerebros de la pujante nación que en solo medio siglo de república se había establecido como la más próspera y progresista de toda la América.  Había huido en oleadas,  los agricultores tras la supuesta “reforma agraria”, otros muchos tras la “reforma urbana” y muchos miles, descontentos por la grave desviación que había surgido en su patria. Sin embargo, a pesar de esa disparidad de criterios, historias y experiencias, existía en todos un objetivo central y sus pensamientos estaban obsesionados con la isla en donde nacieron. Todos se veían en una forma inestable y temporal lejos de su terruño. Se auto-engañaban unos a otros con la frase: “La próxima Nochebuena comeremos lechón en Cuba”.

Y así pasaron los setenta, los ochenta y los noventa erosionando al consagrado exilio que aún soñaba con su infancia, sus palmas y el cariño natal. Pero se comenzaron a ver las traiciones, las promesas incumplidas, las persecuciones, las complacencias con el enemigo y sobre todo las humillaciones. El exilio comenzó a comprender el por qué nuestro Apóstol escribió en 1894  unas palabras que describen la angustia de quien se siente engañado por los que creía sinceramente buenos vecinos:
“¿A qué tiranía te abandonamos, si hemos de encontrar en una república americana todos tus horrores? ¿Por qué tuvimos amor y confianza en esta tierra inhumana y desagradecida? No hay más patria cubanos, que aquella que se conquista con el propio esfuerzo.  Es de sangre la mar extranjera. El único suelo firme en el universo es el suelo en que se nació.”  (¡A Cuba! - Periódico Patria, Nueva York, Enero 27, 1894, p. 459)
La desesperanza fue royendo gradualmente el alma del exiliado cubano.  Las tentaciones de asimilación fueron muchas.  Nacieron nuevos hijos,  murieron muchos ancianos.  La necesidad de supervivencia fue consumiendo los viejos recuerdos y la vanidad y la ambición promovieron con su proselitismo severos cambios en las expectativas del exilio.
También el resto de las naciones se comportaron con indiferencia y la mayor parte de aquellos pueblos hermanos de la América y el mundo simpatizaron con los sangrientos tiranos de la Cuba esclava. Nuestro Apóstol también se hizo consciente de ello al escribir: “¿Es así, pues, el universo entero? ¿No hay mérito ni virtud, no hay desgracia ni persecución que puedan conmover el corazón extraño?” Y a los que se creían acomodados ya lo había establecido en Agosto 26 de 1893 en Patria “A la raíz” p. 669: “Ni nuestro carácter ni nuestra vida están seguros en la tierra extranjera.  El hogar se afea o deshace; y la tierra debajo de los pies se vuelve fuego o humo.”
 Así, ciertamente, sólo quedan de aquellas Navidades Cubanas los gratos recuerdos familiares de esas bellas fechas, que por mucho que se disfruten en tierra ajena carecen del calor afectivo de entonces.
Pero peor aún para los esclavos de la isla cautiva que en una atmósfera de miseria, miedo y desilusión, donde los pocos que ríen son los cínicos avasalladores o las víctimas que lo hacen con una máscara de hipócrita conformidad en aquella deteriorada nación con habitantes sin dignidad que ignoran u olvidan las glorias del pasado y aquellos inolvidables diciembres al vivir en OTRA CUBA SIN NAVIDAD.   




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