jueves, 9 de febrero de 2017

¿QUE ASEGURA EL CONSEJO DE SEGURIDAD?

¿QUÉ ASEGURA EL CONSEJO DE SEGURIDAD?
Por Luis Marín.

Se dicen guiados por los propósitos y principios de la carta de las naciones unidas que, por cierto, prohíbe la discriminación racial o religiosa, “reafirmando, entre otras cosas, la inadmisibilidad de la adquisición de territorios por la fuerza”, y esto lo firma la Rusia de Putin, que acaba de anexarse la península de Crimea y mantiene una guerra en el este de Ucrania para arrebatarle las provincias de Donetsk y Lugansk, como antes hizo en Georgia con las provincias de Osetia del Sur y Abjasia, así arrasó Chechenia e inventó un país que llama Transnistria, al este de Moldavia, el verdadero paraíso del gánster, hoy devasta Siria en alianza con Irán, a la vista del mundo y sin que nadie haga nada, no digamos el Consejo de Seguridad, que está ocupado condenando a Israel.
        ¿Cómo pueden explicar bajo esta doctrina del Consejo de Seguridad que Königsberg, la ciudad de Emmanuel Kant, sea una ciudad rusa, bajo el imperio de Vladimir  Putin?
          China comunista ocupa al Tíbet ilegalmente, se tragó a Hong Kong sin masticar y amenaza con la guerra en el Pacífico para anexarse a Taiwán, además de estar ya en guerra contra la independencia de Sinkiang cuya extensión es más de 80 veces el territorio de Israel. Las atrocidades de los chinos contra los uigures son intolerables y no obstante ser estos en su mayoría musulmanes no reciben la menor atención de la hermandad musulmana que sólo se ocupa en destruir a Israel.

       Uno no sabe si reír o llorar al escuchar a Gran Bretaña, inventor de la teoría y de la práctica del imperialismo, llamar a Israel “potencia ocupante” y a los judíos “colonos” en Judea, Samaria y Jerusalem, repudiar “la adquisición de territorios por la fuerza” y afirmar que el asentamiento en territorios en disputa “no tiene validez legal y constituye una flagrante violación del Derecho Internacional”.
     Nunca sabremos cómo explican los ilustres académicos de las universidades británicas, que suscriben el boicot contra Israel, los asentamientos británicos en las islas Malvinas, por poner sólo un ejemplo de territorio obviamente en disputa, por no hablar de la Guayana esequiba, tan caro a Venezuela, Belice para Guatemala y, en fin, todo el resto de la Commonwealth.
      Francia, tan responsable del caos en Siria, Irak, Líbano y todo el Levante bajo su estatuto colonial, debe estar tan complacida por las resultas del Pacto Sykes-Picot como para proponer otra línea de partición en una pretendida conferencia de paz para el medio oriente cuya convocatoria introdujeron en la resolución 2334 para el 2017 en Paris, pero condenándola de antemano al fracaso con esa misma resolución.
      Y Estados Unidos, cuya Constitución prohíbe textualmente “leyes ex post facto” ¿cómo pueden dejar pasar la resolución y luego disculparse diciendo que no tienen nada que ver con ella porque no la redactaron ni la propusieron? La dejan pasar y luego tratan de evadir sus consecuencias, es decir, no son responsables de sus actos. Si la resolución les parece tan buena ¿por qué no la asumen abiertamente? ¿Qué opinarían si la resolución dijera que el asentamiento de negros en determinado territorio es una flagrante violación del Derecho Internacional? Estos señores se burlan del mundo: Se sabe que las grandes potencias hacen lo que les da la gana con los pueblos indefensos y para eso crearon ese club de imperialistas que es el Consejo de Seguridad de la ONU, para no pisarse la manguera entre ellos; pero lo que ni siquiera las grandes potencias pueden hacer es convertir sus atropellos en legislación, porque insultan la razón y sublevan la conciencia de la gente honesta, que todavía queda alguna, incluso en esas grandes potencias.
        Cómo pueden decir que el asentamiento de judíos en Jerusalem, Judea y Samaria es una “flagrante violación del Derecho Internacional” sin poder exhibir ninguna ley que diga algo semejante, pero que además sería una ley que no querríamos ver nunca, por discriminatoria y absurda, o sea, que si alguien es druso, copto o armenio, puede comprar un terreno y hacerse una casa, ¡pero si es judío no! ¿Qué clase de ley es esa? ¿Por qué el asentamiento de judíos atenta contra la solución biestatal y el asentamiento de árabes no? Si el Estado árabe no admite ni un solo judío, entonces, el Estado judío no debería admitir  ni un árabe. ¿Y qué de los millones de árabes que viven en el resto de Israel? ¿Esos no atentan contra la solución biestatal?
       Ni siquiera una alianza de todas las superpotencias puede hacer que si la condición para la existencia de un hipotético estado árabe palestino es que esté prohibido que los judíos vivan allí, ese no sea un estado judenrein como lo hubiera soñado Hitler y su aliado, el muftí de Jerusalem, ni cómo justificar a la luz del Derecho y la moral Internacional un Estado con esa característica; otro oxímoron es que siga siendo además “democrático” como no lo es ningún estado árabe o musulmán realmente existente.
     Quizás sea imposible desentrañar el oscuro tejemaneje que hizo que esa gran democracia que es Egipto, redactor original del proyecto, lo retirara a última hora para pasarlo a manos de Malasia y Venezuela, como quienes no tienen nada que perder.
    Sería demasiado arduo dedicarse también a revisar las credenciales democráticas de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, por lo que podemos prescindir de la monarquía malaya sin mayor riesgo.
    Pero, ¿cómo ignorar a Venezuela, ese modelo de democracia, libertad y respeto a los derechos humanos?

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